- Detalles 22 Diciembre 2016 Por: Karina Brooks Carballo kbrooks2003@rbaragua.icrt.cu En Actualidad Palmera
Palma Soriano.- Vilma Maristany Ricardo es de esos maestros que todos deberíamos tener en algún momento de la vida.
"Me gradué en 1955 en la Escuela Normal de Santiago de Cuba y de Pedagogía en la Universidad de Oriente, en 1964. Desde pequeña dije que iba a ser maestra y así fue". Sus inicios al frente de un aula fueron en Baracoa, "porque me propuse ir adonde fuera, para ayudar a la familia"; su papá era obrero azucarero, que dependía de los altibajos de la zafra. Por esta razón trabajó también en una escuela en Puerto Padre, hasta que pudo venir acercándose a Palma Soriano, ciudad donde nació el 13 de diciembre de 1935.
"Recuerdo que impartí clases en un lugar conocido como 'El Vaquero' (después del Nueve de Palmarito), escuela maravillosa que reconstruí con la ayuda del administrador del Central Miranda y del que fue mi esposo (David Tormos), que en aquella época éramos novios, porque mi suegro tenía un taller de carpintería".
En esa época Vilma laboró además en una escuela por la carretera de San Luis, le decían El Tablón y otra en Monte Carmelo, por el cementerio local. "En todas esas escuelas, sí que había necesidad y pobreza; tuve la oportunidad incluso estando en una de ellas, de contemplar un desalojo que me llegó a la vida..."
Cuando triunfa la Revolución que por iniciativa de Fidel se crean las 10 mil aulas, decide coger un aula "a mitad de sueldo, pero bueno, estaba aquí en Palma, y ya me habían ofrecido trabajar también en el Colegio Bautista El Sinaí".
En El Sinaí trabajó varios años, me comenta Vilma "hasta que nacionalizaron las escuelas privadas y me nombraron interventora de esa escuela. Y a partir de ese momento sí me sembré en la Escuela Primaria Juan Sigas Baró, que llenó mi vida de satisfacción".
Alumnos del Destacamento 1ero A, curso 1976-1977 de la Escuela Primaria Juan Sigas Baró, que 'vivieron' a la maestra Vilma. (En la instantánea aperece señalada la autora de este texto)
A la Campaña de Alfabetización, como asesora técnica en el Reparto Maribel de la ciudad del Cauto, donde además enseñó a leer y a escribir, se incorporaría también esta formadora de varias generaciones de palmeros, entre los cuales me incluyo.
Fueron 37 años dedicada al magisterio, "desde 1955 y, bueno,…me jubilé en 1992 porque mi esposo se enfermó, pero podía haber trabajado más tiempo, porque en realidad me gustaba mi trabajo, !yo disfrutaba mis clases!...y los alumnos me respondían, porque eran preocupados, desde luego había de todo y siempre que había algún problema iban a ver qué ayuda podía darles….Y ya tú sabes, se recuerdan de mí, ahora me los encuentro por la calle y a veces ellos son los que me tienen que decir: usted fue mi maestra".
"Ya te digo, cumplí 81 años y si tuviera que ser maestra de nuevo, con gusto, porque lo que hice, lo he visto, empezando por ti, y guardo el mejor recuerdo, esa es la mayor satisfacción".




