- Detalles 19 Mayo 2017 Por: Bertha E. Sánchez Viamonte berthica@rbaragua.icrt.cu En Actualidad Palmera
Palma Soriano.- Las ideas del más universal de los cubanos trascienden las fronteras del tiempo y se adaptan, como si de palabra perenne se tratara, al más actual de nuestros días.
Pareciera una frase gastada aquello de que nuestra Revolución es profundamente martiana, que bebió de la savia de Martí para enraizar sus convicciones. Puede sonar incluso repetitivo decir que somos el producto de los más consagrados principios del Apóstol. Que legó, como el más genial de los maestros, un sinnúmero de enseñanzas para las generaciones que le hemos precedido.
Sin embargo, cuando hacemos un análisis profundo de nuestra república, encontramos, en cada esquina que la sustenta, la genialidad de su pensamiento.
Abrazamos, en la cotidianidad, el carácter entero de cada uno de sus hijos. Recibimos el día con el hábito de trabajar con nuestras manos y de pensar por sí mismos. Construimos a diario nuestra república con la certeza de que mereció las lágrimas de nuestras mujeres y la sangre de los bravos que la forjaron. Porque en la educación y cultura de nuestra república deviene la libertad conquistada.
Pero la pluma de Martí se extiende más allá de eso. Obliga a la reflexión a una sociedad necesariamente encaminada hacia el mejoramiento humano y la utilidad de la virtud. Conduce a la práctica del ejercicio íntegro de sí y el respeto a los demás, no para repetirlo como consigna, sino para tatuarlo en el alma.
Remueve la pasión por el decoro para que la ley primera de nuestra república continúe siendo el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.




