Adjetivos para la vida

groserías

Palma Soriano.- Cada día, la vida se viste de distintos colores. Algunas veces, unos más claros y brillantes que contagian hasta el más desanimado y enrumban el destino de aquel que anda buscando un buen pretexto. Otros, se tornan grises, que acaso alcanzan para dar paso a la nostalgia, el deseo de un buen café, un té, un chocolate, una mejor compañía y unas horas de buen cine, arropaditos en casa.

Sin embargo, aunque parezca risible, motivo de asombro o incredulidad, no son pocos los que se afanan en enturbiar esos matices de la cotidianidad. Lamentable es el que se anteponga la descortesía, la indelicadeza al trato para con el otro y los buenos modales. Y si a ello se le suma en rostro y cuerpo de mujer, la escena se torna mucho más penosa.

A pesar de ser fuerte, luchadora, valiente y osada, siempre ha sido la fémina tenida por esa flor a veces también frágil, delicada en el actuar, de naturaleza agradable y de decir hermoso. Distinguida en majestuosidad, experta en cuestiones de galanteos, ha resultado centro de atención y esmero por las bellas maneras que ha heredado también a través de la historia. Esa que parece, por momentos, cuando uno presencia lastimosas escenas de la actualidad, haberse confundido o quizá olvidado dejar sus enseñanzas entre las que se hablan a gritos, se ríen sin mesura, espetan un vocabulario inadecuado sin frenos. La sensibilidad y dulzura propia e innata de la mujer, pareciera haberse esfumado, porque la grosería campea, como dueña y señora de sus acciones y palabras.

Es mucho más fácil ser cortés, amable, cuidadoso en el trato hacia las demás personas. Que para la fémina, sigan siendo esos adjetivos que adornan la vida y no simples palabras que se las lleva el viento o trastoca en rudezas que hieren y matan a uno mismo. La utilidad de la virtud: estandarte, refugio y también luz para irradiar a los días.