Para conquistar y mantener la armonía

armonia

Palma Soriano.- La armonía se define como el vínculo de paz, concordia y entendimiento entre dos o más personas. Se trata de un elemento de gran valor para toda relación entre seres humanos, como los nexos familiares o los que se desarrollan en el ámbito laboral.

La armonía facilita el proceso productivo, permite una mejor integración para la conquista de metas comunes, y es un ingrediente indispensable para el progreso; motivos más que suficientes para esforzarse por alcanzarla y no dejarla escapar.

A pesar de sus múltiples beneficios, la armonía tiene poderosos enemigos. Uno de ellos es la falta de comunicación, o comunicarse en el contexto equivocado. Esta conducta aberrante, sinónimo de murmuración, reconoce la existencia de problemas pero no encamina el asunto por la senda que puede llevarlo a un final feliz. Por eso, es importante el diálogo frente a frente en presencia de los protagonistas del conflicto. Y claro, muy de la mano de la comunicación debe andar el compromiso individual con la parte que le toca a cada uno.

Otro feroz adversario de la armonía es el orgullo, que se manifiesta de las más diversas formas. Una bastante común es la tendencia de mirar constantemente los defectos ajenos, cuando apenas la vista nos da para percibir los errores personales. Sobre este importante tópico se recomienda en un libro sagrado: “saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”. Tal afirmación nos convoca a otras interrogantes: ¿por qué nos irrita tanto escuchar una mentira cuando nosotros también hemos mentido?, ¿por qué nos irrita tanto ver un defecto en una persona cuando uno mismo tiene los suyos? Esto no significa que ante estas verdades irrefutables nos quedemos inmóviles ante lo mal hecho. Significa que debemos poner en práctica la paciencia, ser comprensivos cuando la situación lo requiere, y predicar, ante todo, con el ejemplo.

Pienso que reflexionar en tales interrogantes y asumirlas es uno de los primeros pasos para luchar por el bienestar colectivo, siempre comenzando por el perfeccionamiento de nuestras propias actitudes. Seguro estoy que cada uno podría escribir su lista individual de enemigos de la armonía. Lo esencial es reconocerlos y combatirlos en aras de que nunca la armonía se aparte de nuestro entorno, ya sea en la familia, en nuestro centro de trabajo, o en la comunidad.