- Detalles 19 Julio 2017 Por: Yander Castillo Salinas yander@rbaragua.icrt.cu En Actualidad Palmera
Palma Soriano.- El postmodernismo político y cultural deja su impronta en este milenio. Vivimos la época de las Revoluciones, algunas pasadas y otras establecidas, que configuran lo que somos hoy. A escala internacional la estampa de la derecha se impone, o en cualquier caso deja huellas negativas, el Estado Islámico hace retumbar edificios en Europa y el Medio Oriente y cada día una declaración de Trump blasfema contra el raciocinio. Entretanto, los viejos mecanismos de reproducción social ceden paso a otros que homologan las identidades a escala mundial.
El espacio público, o ágora, se configura a partir de la comunicación y los medios. No por gusto se dice que lo que no encuadran las cámaras o los micrófonos, lo que no se escribe en las redes y en la prensa, no existe. Vivimos la época en que los medios nos crean un entorno mental y contribuyen a decirnos cómo pensar y entender el mundo.
Las ideas sobre el liberalismo de la prensa y los medios aún permanece, aunque las pruebas de su compromiso político y burgués se escondan y trastoquen bajo el principio de una libertad siempre entrecomillada, diría José Luis Orihuela, autor del clásico Cómo los medios desinforman al mundo.
El reciente15 de julio la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) cumplió 54 años de fundada. Una organización que acompaña a la prensa revolucionaria, siempre al servicio del pueblo y de la verdad. Una prensa, a las claras, comprometida con la construcción de una sociedad superior.
La UPEC ha sido testigo de los aciertos y tropiezos en la construcción de un modelo autóctono de prensa. Más allá de los cánones norteamericanos y soviéticos, urge una visión netamente cubana.
Nuestro periodismo se ha construido en condiciones de plaza sitiada ante la constante amenaza política, ideológica y cultural. Sin embargo, en el postmodernismo del siglo XXI y lo que se conoce como sociedad universal producto de la vida en las redes de Internet, dejan a las claras la necesidad impostergable de un cambio.
Aún muchos periodistas nos encontramos ante trabas para dar una información, incluso de funcionarios públicos; aún persisten los actos y reuniones en las agendas de los medios y la crítica y al análisis son dejados a segundo plano, según muestran numerosos estudios en el país. Estas razones explican las divergencias entre las llamadas agendas mediática y pública y coloca a los medios cubanos y su público, en constante tensión.
En este contexto, el periodismo cubano, acompañado por la UPEC, se renueva. La claridad de los análisis, sus insuficiencias y virtudes para la transformación hacia un modelo que cada día se parezca más a Cuba, ha estado en cada Asamblea y Congreso, con pasos de avance, aunque a veces lento.
En el contexto en que en Cuba se gesta una Ley de Comunicación y Prensa, un paso histórico para nuestro Periodismo heredero de José Antonio Saco, José Martí, Juan Gualberto Gómez, Manuel Corona, Pablo de la Torriente y Julio García Luis, el periodismo cubano deja su impronta para el futuro de nuestra Patria.




