- Detalles 27 Julio 2015 Por: Dainiubis Soler Amiot day@rbaragua.icrt.cu En Actualidad Palmera
Palma Soriano.- Por estos días en que los más pequeños están libres de deberes y exámenes, mucho se les ve frente a una pantalla o en paseos familiares. Excursiones a la playa, reuniones entre amigos y vecinos o los improvisados juegos en el propio barrio coronan los días de verano, con el común deseo de que se extienda mucho más allá de dos meses la bella etapa estival.
Un hábito, sin embargo, parece desaparecer aún más de la cotidianidad de los infantes. Pasión de leer que ya no se acaricia mucho en pequeñas manos y no se recorren a través de las páginas de un bello ejemplar.
Quizá y desde el propio seno hogareño no se haya incentivado lo suficiente, si bien, nunca es tarde para empezar. Son los padres los primeros y los libros, quizá de los mejores maestros a lo largo de la vida. Sabiduría que comienza a transmitirse desde esos grandes regalos de compartir una bella historia antes de irse a la cama. Y sin dudas, traza su camino cuando nace la motivación por el descubrimiento, cada vez de nuevas páginas.
Cuando las nuevas tecnologías acompañan con mayor asiduidad nuestras vidas, se hace imprescindible entonces no dejarles todo el espacio a ellas. O buscar la alternativa que combine de manera sana, la interacción con ambas posibilidades. Lo importante es que leamos, que exista el ansia por el conocimiento por encima de todo.
Libros que son en sí mismos una obra de arte. Fuente inagotable que brota de sus páginas y puede enamorar a más de un pequeño, en estos días libres de exámenes y deberes escolares. Reír, llorar, emocionarse al rozar con los dedos la letra impresa, volver una y otra vez sobre las historias favoritas. Sentimiento único capaz de cumplir la más hermosa de las misiones: iluminarnos el mundo.




