- Detalles 13 Agosto 2016 Por: Marcia Jerez Valón lirio@rbaragua.icrt.cu En Actualidad Palmera
Palma Soriano.- Cuando por estos días se acrecientan en toda Cuba las actividades por la jornada especial, saludo al 90 cumpleaños de Fidel Castro, viene a la memoria todo su legado vivo en función de la Educación y Cultura del pueblo cubano, huella tangible que empezó a ser más latente después del triunfo glorioso del Primero de Enero de 1959 y que ya había encontrado en ella una necesidad preclara desde su alegato La Historia Me Absolverá.
Ya desde la Campaña de Alfabetización se convirtió en un estandarte de oportunidades esta frase de Fidel: “No vamos a decirle ala pueblo cree, sino lee”. Y es que desde esta intención, el líder de la revolución Cubana consideraba justo poner en manos de obreros, campesinos, intelectuales, cultores, amas de casa todo un caudal de conocimiento necesario para también hacer Revolución.
Por ejemplo, con la creación de las Bibliotecas escolares y luego las públicas en la década de los ochenta, además de un conjunto de instituciones culturales, fundadas por ese período, Fidel estimó colocar en una interacción dialéctica lector-libro; público-cultura.
De este modo, la utopía viva del Comandante era lograr no solo un pueblo culto, sino un pueblo de pensamiento en pos de que este último meditara su propia realidad, de sus propias contradicciones, des ser partícipe de ella en una transformación creadora para su bien espiritual y material.
A lo largo de la historia del proyecto social cubano destacan además una estela de iniciativas fundadoras de Fidel en pos de la formación del pueblo cubano y, en particular, en aquellos donde la intervención de los jóvenes ha sido crucial y decisiva, y de la que él ha sentido orgullo, díganse: las Brigadas Artísticas; Movimientos de Artistas Aficionados; los instructores de Arte, los asesores y especialistas informáticos; la Asociación Hermanos Saíz; las Brigadas Forjadores del Futuro y la Juvenil del Trabajo, entre otras forjadas.
Es Fidel ese evangelio vivo que todo cubano en esta tierra y el mundo agradecen por tanto hacer y pensar, primero, y siempre en el ser humano y el bien colectivo. El Encantador de Serpientes, como le llamara en una ocasión el poeta Fernando Retamar porque tuvo la virtud de la inteligencia, observación, comunicación; para escuchar, vivir y enfrentar como líder las adversidades y desafíos de la vida y la naturaleza, además de su agradecimiento por el bienhechor y el respeto y recelo enérgico por sus adversarios.
Fidel es ese hombre magnánimo, generoso que tanta chispa despertó entre los hombres de América y en el planeta tierra. Al decir del apóstol José Martí en La Edad de Oro: “En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz (…) Los agradecidos hablan de la luz”.




