- Detalles 26 Agosto 2016 Por: Gleidys Sigas Pérez gleidys@rbaragua.icrt.cu En Actualidad Palmera
Palma Soriano.- Por estos días mucho se comenta de la necesidad de ahorrar agua, electricidad, presupuestos, materiales, combustibles, en fin….aquellos recursos que complementan nuestra cotidianidad.
Ciertamente, los tiempos actuales necesitan de acrecentar la cultura por utilizar eficientemente lo que tenemos y de ser posible, generar reservas como alternativas.
Es como decimos popularmente los cubanos “librar la batalla por el ahorro y luchar contra el malgasto o el despilfarro”.
Para ser justos, no pocos resultados traducidos en actitudes positivas y aportes económicos y sociales, se han logrado a pesar de que falte mucho más. No obstante, es preciso reflexionar en algo que a veces se obvia. Centrémoslo en una interrogante:¿Está siendo verdaderamente efectivo este ahorro?.
Y es que no escapan quienes con orejeras a ambos lados, ahorran y ahorran sin medir beneficios o riesgos, sin detenerse en lo que puede ser mejor para la colectividad. Solo se limitan a “cumplir” con esta política. Y no debe ser así.
Ahorrar va más allá de imposiciones, necesidades o campaña, es una actitud ante la vida que desde lo personal hasta lo macrosocial favorece.
El ahorro si se hace y con buenas intenciones, será fuente de progreso y bienestar. De lo contrario, será una acción sin consecuencias y en el peor de los casos, dejará secuelas que luego haya que enmendar quizás hasta con el empleo de otros recursos no previstos o se lacere la calidad de una obra, cualquiera que sea.
De lo que se trata en el asunto, es de llegar a su justo medio. Ahorrar con conciencia, deseos de aportar, respetando los límites exigidos en cada lugar y momento, que se satisfagan expectativas y necesidades.
Desde esa óptica, el ahorro como proceso tendrá mayores dimensiones, en correspondencia con la estrategia que trascienda en lo exclusivamente efectivo y eficaz.




