- Detalles 04 Noviembre 2016 Por: Karina Brooks Carballo kbrooks2003@rbaragua.icrt.cu En Actualidad Palmera
Palma Soriano. - Con Baracoa tengo una deuda de amor. A la Villa Primada de Cuba la conocí en aquellas fotos tomadas por mis padres durante su viaje de bodas. Me acerqué así a la belleza natural de una tierra, llena de historia y tradiciones.
Supe de la imponente Farola, que serpentea las lomas para llegar hasta la ciudad; de su
Yunque, montaña aplanada semejante a la pieza que utilizan los herreros; me hablaron de su caudaloso Río Toa, de la dulzura de las aguas del Miel… del encanto peculiar de sus paisajes y su gente.
Y es que nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, fundada el 15 de agosto de 1511 por el Adelantado Diego Velázquez, además de ser la primera capital, fue el primer obispado de la isla.
La época del dominio colonial dejó sus huellas en las construcciones de la localidad, esas que hace muy poco sufrieron la furia del huracán Matthew a su paso por Guantánamo, la provincia más oriental de Cuba.
Pero Baracoa, ciudad de leyendas, de sangre rebelde y bendecida, se levanta entre el ayer y el presente. Fue el 4 de noviembre de 1978 cuando, al declararla Monumento Nacional, se recordó el esfuerzo de aquellos aborígenes, utilizados por los españoles para construir los fundamentos hispánicos de una ciudad, alzada sobre los bohíos de la indiada, porque su verdadera fundación se pierde en la noche de los tiempos.
"A la Primada de Cuba la conocí en aquellas fotos tomadas por mis padres"
Quizás por eso, cuando me preguntan si conozco a Baracoa, digo que sí, porque por el amor de mis padres la descubrí un día y a ella quiero volver siempre, desde la nostalgia.




