- Detalles 28 Noviembre 2016 Por: Dainiubis Soler Amiot day@rbaragua.icrt.cu En Actualidad Palmera
Palma Soriano.- Esta es la crónica más difícil de mi corta vida como periodista y devota seguidora de las letras.
¿Cómo decirle adiós al mito, al héroe de miles de hazañas? ¿ A quien estuvo siempre en la primera fila de cada combate diario? ¿Cómo despedirnos de quien siempre nos guió con certeza de triunfo hacia el futuro?
Es la crónica más difícil de mi corta vida como periodista.
Y no bastarán una, dos o miles de cuartillas para ponderar el legado que comenzó a escribir Fidel, no tanto en aquel Moncada de 1953, sino desde que abriera sus ojos al mundo.
No alcanzaremos, quizás acaso, a comprender la dura batalla de su vida, contra los molinos y esos vientos que debió sortear para cruzar victorioso, desde la posta tres del Moncada y el 26 de Julio hasta el yate Granma que lo condujo a las altas, pero protectoras lomas de la Sierra Maestra. Las mismas alturas que, coronando entre las nubes, hicieron temblar al tirano opresor. Para devolver entonces, la victoria definitiva, en el primer amanecer de enero de 1959.
Interminables serán los homenajes para quien alcanzó la inmortalidad, no por pasearse entre el Olimpo de los dioses griegos o romanos. Sino porque comprendió, que escribir Cuba y leer Revolución eran sólo el inicio del camino. Para quien devolvió la dignidad a un pueblo desangrado por tantos años de lucha e hijos inmolados en nombre de la libertad verdadera. Para él que con el machete mambí y el espíritu intransigente de Maceo y Gómez, el antimperialismo de Mella, Guiteras, el amor inagotable de Frank, Villena y el ejemplo bienhechor de Martí, conquistó una isla "por los humildes y para los humildes".
Con Fidel, se escuchó una vez más el tañido de la Campana de la Demajagua. Céspedes llamó una vez más a los hombres libres e iguales. Resurgieron por nuestros campos los llamados de la carga al machete de la caballería insurrecta. Entraron los mambises a Santiago. Ondeó la bandera cubana, más alta, más bella, más libre. Y se dejó escuchar el nombre de Cuba, como muestra de unidad, patriotismo, revolución invencible que supieron y sabrán construir sus hijos, aunque la senda desandada sea más difícil y un tanto más solitaria sin su guía.
Esta es la crónica más difícil. No puedo decirle adiós a quien sin quererlo, vivirá eternamente 90 y más años vestido siempre de pura fortaleza de caguairán, de traje verde olivo, de sonrisa amplia. De verbo encendido y mirada profunda y previsora.
Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz. Toda la gloria de Cuba, puede traducirse hoy en un nombre: Fidel.




