- Detalles 01 Diciembre 2016 Por: Dainiubis Soler Amiot day@rbaragua.icrt.cu En Actualidad Palmera
Palma Soriano.- Santiago de Cuba abre una vez más sus puertas, para abrazar al líder que regresa victorioso, en Caravana, como aquella que partiera desde las cales indómitas, rebeldes y clandestinas, aquel enero de 1959.
Desde que, al filo de sus seis años, llegara a estudiar Fidel a este suelo, establecería con él una profunda relación de amor. No fue de extrañar entonces, que quisiera tomar el cielo por asalto, la mañana de la Santa Ana de 1953, junto a los jóvenes de la Generación de Centenario. Ni que la Sierra Maestra, agreste, pero cómplice, le prestara abrigo una y otra vez, convencida de que la definitiva libertad se encontraría bajo la guía de aquel joven iluminado con la sabia martiana y mambisa.
Desde sus calles, se encendió la llama clandestina aquel 30 de Noviembre. Puertas se abrieron una y otra vez para refugiar a los perseguidos por no callar ante el régimen de oprobio y barbarie del dictador Batista. Y por fin, aquel enero glorioso: sus calles estallaron de júbilo. Victoria y Revolución se daban la mano en el inicio de una nueva era de transformaciones, pero también de nuevas batallas.
La entrada histórica de Fidel en la tierra santiaguera, madre ilustre de ese revolucionario excleso
Fidel lo sabía. Santiago no podía fallarle. Por eso la declaró heroica siempre, leal y noble. Por eso regresó a ella una y otra vez, cual hijo fiel a su hogar. Desde sus predios convocó a su pueblo a no detener la marcha en la construcción de un futuro a la altura de tantos años de sangre y lucha. Siempre indetenible, siempre ejemplar y reflexivo. Siempre delante, como el mejor de los soldados, como el padre más fiel.
"Hoy Cuba te nos devuelve, querida, en esa caravana victoriosa que te regresa al origen de tu epopeya"
Hoy es tu Santiago quien te agradece, desde el dolor profundo de tu partida, el haber cambiado el rumbo de la historia. El engrandecer las cuatro letras que indisolublemente van ligadas a tu gran nombre. Santiago de Cuba te espera para abrazarte en este viaje que has emprendido a la eternidad. Y te dice: espera, no te vayas todavía. Aun queda mucho por hacer para acabar tu obra y la de Martí. Sigue vigilante, desde el Turquino. La Patria te contempla orgullosa.




