- Detalles 03 Junio 2019 Por: Dainiubis Soler Amiot day@rbaragua.icrt.cu En Cultura
Palma Soriano.- Cuenta una leyenda que hace muchos años, un joven se enamoró de una doncella de la nobleza. Al no tener los medios para darle un obsequio digno de su rango, decidió expresarle su amor a través de la música.
Así nacieron las serenatas, poemas convertidos en canción a la luz de la luna, bajo los balcones de muchachas enamoradas esperando el cortejo de sus pretendientes.
Se dice que alcanzaron popularidad durante el siglo XVIII, cuando pasaron a ser un entretenimiento, más que una manera de cortejar. Las serenatas amenizaban las veladas de los aristócratas y las celebraciones de los más humildes, sin embargo, nunca perdieron su esencia de romanticismo.
En algunas regiones los jóvenes llegaban hasta escalar a los balcones de sus amadas. No por gusto muchas familias se ponían en alerta con solo escuchar el acorde de una canción.
Quizás las serenatas más entretenidas sean las de los mexicanos, quienes las usan con todo tipo de fines: homenajear a alguien que cumple años, pedir perdón y hasta para un desquite.
Son una tradición tan arraigada entre ellos, que ni la modernidad ha podido hacerlas desaparecer, lo cual sí sucedió en nuestro país, algo lamentable, pues aquí también afloraron grupos musicales dedicados a cantar serenatas. Incluso en las fiestas familiares siempre había algún atrevido dispuesto a improvisar, acompañado de algún instrumento.
¿Dónde quedó el espíritu atrevido de la juventud? ¿Por qué ya no se asoman las muchachas a las ventanas para escuchar melodías de amor? ¿Desaparecieron las serenatas en esta tierra de poetas y trovadores?
Hay quienes afirman que la modernidad nos robó lo sensible de nuestras almas para esclavizarnos a la tecnología, sin embargo, algunos se resisten y han decidido apostar por las tradiciones antiguas, añadiéndoles un toque de frescura. En esta tierra de poetas y trovadores las serenatas no morirán jamás.




