- Detalles 11 Junio 2019 Por: Dainiubis Soler Amiot day@rbaragua.icrt.cu En Cultura
Palma Soriano.- Lo primero que puede aparecer cuando se busca la palabrita en Internet: Corriente Duraka es el enlace a los videos de los reguetoneros Jomiel y el Danny que han hecho más intensa la que hoy es una de las tendencias más populares en las redes sociales.
Algo así como una explosión en la juventud traptera que no les falta el bafle que viaja de guagua en guagua, de calle en calle. Así se les exige como movimiento fuerte y cultural a la citada corriente que anda ya en todas partes.
La música siempre ha sido determinante en marcar las tendencias. Que hable el pop de los ochenta, el rock metal, la rica trova cubana. Que también hable el trap y saldrán miles de durakos escondidos que han dejado atrás su carnet de identidad y se han cambiado el nombre en las redes sociales para formar parte de este espectáculo que cae, muchas veces, en la ridiculez y el enorme disparate de encajar o de “estar en talla”.
El fenómeno durako invade también a la sociedad cubana como una forma de expresar un tipo de moda, una actitud, un tipo de música. Lo criticable, sin embargo, no es la ropa, la música e incluso el lenguaje. Lo criticable es aferrarse a algo superfluo, algo que no aporta como persona. Lo criticable son los personajes que se esconden bajo la presunción de lo verdadero.
La corriente Duraka es tendencia hoy en las calles. Es credo de los que hoy en día se hacen llamar gente duraka o simplemente “durakitos”. Es pretexto para la vulgaridad, la violencia, denigrar, pretender, juzgar, ostentar. Un asunto que ya dejó de ser una simple broma o moda impuesta por el abanderado mayor Bad Bunny o Chocolate en sí sino que se apresta ya como asunto para estudiar, entender y frenar por quienes aún creen en los valores y el futuro.




