- Detalles 13 Julio 2019 Por: Marcia Jerez Valón lirio@rbaragua.icrt.cu En Cultura
Palma Soriano.- La certeza que la clausura del noveno Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en palabras de nuestro presidente Miguel Díaz Canel Bermúdez, fue contundente y por demás, que rutila en el sentir de escritores y artistas del país y pueblo en general, al tiempo que deviene en esa valentía de reconocer logros y deficiencias del gremio, vanguardia creadora de esta sociedad.
Es importante que algo así haya sucedido en primer lugar, porque prueba el liderazgo de Díaz Canel, que se identifica con las necesidades y la labor que realizan nuestros intelectuales.
Cuando se revisita el texto del discurso nos damos cuenta que en él hay un acto de defensa del proyecto social cubano, que se reconoce durante sesenta décadas de Revolución lo alcanzado aquí en materia de cultura y, por consiguiente, este sector se ha fortalecido y enriquecido desde las diferentes manifestaciones del arte y demostrado también al más alto nivel mundial.
Desafíos ante nuevos contextos nacional e internacional, nuestros escritores y artistas se enfrentan a las dificultades en pos de salvar la cultura desde las esencias y el buen gusto, perfeccionar la política cultural, combatir el facilismo, el acomodamiento, la burocracia e insensibilidad de determinados funcionarios o directivos en el sector, así como de otros que lideran en otras áreas como por ejemplo, el sistema empresarial, la educación, las ciencias y los medios de comunicación y que se vinculan de manera inseparable con la cultura.
De preclaro, sincero y justiciero asomó la clausura del noveno Congreso de la UNEAC en el país, ese que fue útil desde sus comisiones de trabajo, encarando con ética e inteligencia lo alcanzado hasta ahora y el compromiso de no dejar morir la cultura cubana como la suma de las contribuciones, conocimientos, modos de acción y organización, sus relaciones con los seres humanos y la naturaleza, principios y finalidades en aras de lo que pueda aportar al bien de la misma, a la espiritualidad de nuestra gente y su porvenir superior.




