- Detalles 07 Noviembre 2019 Por: Nereyda Barceló Fundora nerybarcelo954@gmail.com En Cultura
Palma Soriano.- Los Reyes de España traerán a Cuba por primera vez una obra del Museo del Prado de Madrid, según informó el diario El País, en la visita que realizarán los monarcas españoles a la mayor de las Antillas, del 14 al 16 de noviembre.
La importante donación será una copia del autorretrato de Francisco de Goya, hecho en 1815, y se exhibirá en el Museo Nacional de Bellas Artes, en La Habana, del 13 de noviembre al 13 de diciembre.

Francisco José de Goya y Lucientes, España, 1746 - Burdeos, Francia, 1828. Pintor y grabador español.
Goya fue el artista europeo más importante de su tiempo y el que ejerció mayor influencia en la evolución posterior de la pintura, ya que sus últimas obras se consideran precursoras del impresionismo.
Entre estos retratos se encuentran algunas de sus obras más valoradas, como La condesa de Chinchón o las famosas La maja vestida y La maja desnuda; sobre estas últimas dice la leyenda popular que representan a la duquesa de Alba, quien habría mantenido con el artista una relación de tintes escandalosos.

En los retratos de Goya destaca, en líneas generales, su atento estudio de las posturas y las expresiones, así como los contrastes de luces y sombras que realzan la figura del protagonista.
Este Autorretrato, pintado por Francisco de Goya en 1815, a la edad de sesenta y nueve años, fue uno de los últimos óleos en que plasmó su propia imagen. Se trata de una obra de pequeño tamaño (46 x 33 cm) que se caracteriza por darnos una imagen cercana, cotidiana, íntima del pintor en su vejez. Aparecieron tras una restauración de 1993.
En 1866 el cuadro fue adquirido a su entonces propietario, Román de la Huerta, para el Museo de la Trinidad, pasando en 1872 al Museo del Prado tras la disolución de aquél.
Fue pintado en el contexto histórico de la Restauración absolutista, años difíciles en los que se persiguió a liberales e ilustrados afrancesados, y en los cuales Goya se alejó de la vida social y representativa acogiéndose a su círculo familiar y apoyándose en sus mejores amigos. No tardaría mucho en adquirir, para llevar una especie de retiro en un paraje casi campestre a orillas del Manzanares, una casa o quinta, llamada del sordo, donde llevó a cabo sus afamadas Pinturas negras, con las que este autorretrato comparte rasgos estilísticos.
Todo el conjunto desprende, así, un amable espíritu de placidez, que corresponde a un artista experimentado, ya en plena ancianidad. El pintor mira francamente al espectador de la obra, al que parece interpelar.
El autorretrato de 1815 es un cuadro absolutamente moderno, en el que la atención, la luz, se concentra en el rostro, eliminando cualquier otro detalle superfluo.
La apostura de seguridad y la mirada firme que caracteriza a la mayor parte de los autorretratos goyescos, se atenúan en esta obra tardía con un gesto de ternura, serena reflexión interior e incluso aspecto de vulnerable humanidad. Es solo un hombre, al final de su vida, y se muestra tal cual es; como cualquier otro semejante.




