¿Se seca el malecón?

Palma Soriano. - El flamante auto de EQUIS repetía incesantemente y a todo volumen el estribillo: “Ah, ah, ah, ah, hasta que se seque el malecón”. Poco importaban las primeras horas de la mañana, la concentración en el tráfico, la atención vital del conductor. Ahí discurría la llamada obra maestra del reggaetonero Jacob Forever, todo un éxito entre la fanaticada y de lo más sonado en cuanta fiesta, descarga, espacio público y reproductores privados pudiera imaginarse.

jacob-forever-malecon-016.jpgJacob Forever en su video "Hasta que se seque el malecón"

No pocos afirman y consienten en su ritmo pegajoso y su letra que se adhiere a la ropa y los oídos. Sin embargo, bastaría sólo un poco de atención a lo que nos dice, para caer en cuenta de que su calidad deja mucho que desear y lograr.

En una de las pocas estrofas que contiene en sí la canción, expresa Jacob que “yo nunca me perdí” y añade, ahora fue que me encontré”.

¿Cómo fue posible ese reencuentro consigo mismo, si nunca había estado fuera de sí? Si analizamos el recurso “literario”, habría que pensar si fue empleado con la intención de lo poético, en el empeño de alegar su hallazgo verdadero como cantante y artista, o fue empleado en el ánimo simplista de decir algo, por decirlo, y que cayera perfectamente en la rima.

Lamentablemente, ejemplos como estos sobran en el panorama musical contemporáneo. Buena letra y canción inteligente pareciera traducirse en gente aburrida, cuando no tiene esta fórmula que ser exactamente de esta manera.

Nadie queda excluido, ya no vale decir que los jóvenes, porque el consumo se extiende a los rangos más insospechados. Tampoco se vale la censura o las prohibiciones. Muchos de estos temas del momento, llegan hasta nosotros con la inmediatez y efectividad que envidiarían músicos de renombre.

Creo y defiendo entonces, que si queremos conservar esos valores sociales en los que tanto se insiste y más, nuestra riqueza musical auténtica, habrá que hacer. Que la gente baile sí, hasta que se seque el malecón, que no es el agua sino el muro, pero conscientes de que Cuba es mucho más que cuatro acordes y letra sin cabeza o pies.