- Detalles 11 Octubre 2016 Por: Marcia Jerez Valón lirio@rbaragua.icrt.cu En Cultura
Palma Soriano.- Para una mayoría, aquí, la cultura cubana es un orgullo. Primero, porque hay que sentirla, y luego vivirla en todas sus dimensiones.
Ella no solo es la danza que “arma” la culebra cuando una corneta toca; el aguardiente de caña natural de esta isla, que baja caliente y se degusta, o la rumba española que se anima a coquetear con el toque de cajón en solares o plazas. Es toda idiosincrasia.
Nuestra cultura es como abanico de historia cuyos pliegues están aderezados a lo largo de su propia existencia, una vez que el hombre europeo, y después el criollo-cubano marcaron terreno junto a la rebeldía que comenzó a amar esta tierra.
Es nuestra cultura esa vitrina de patrimonios preciables durante 148 años de gestas épicas y gloriosas donde los cimientos se levantan como ácana para toda una generación de cubanos que han sabido respetarlos y cuidarlos, en medio de las adversidades y peligros.
Porque por encima de todo, somos amantes de la paz, el progreso, el orden, la tolerancia y la justicia, y esto ya lo había enseñado con vehemencia Carlos Manuel de Céspedes en su escrito titulado Manifiesto del Diez de Octubre, rodeado de terratenientes y esclavos.
Ante los desafíos de la vida, actual moderna, su dinámica, las tecnologías y los paradigmas y símbolos extranjerizantes tiene hoy la cultura cubana una nueva batalla que afrontar y ocuparse con creatividad, gusto y renovación para bien.
Se precisa de escuchar y apoyar más a sus trabajadores y al pueblo que forman parte de ella para continuar preservando aquel legado poético de Nicolás Guillén, el poeta Nacional de Cuba, que dice así: (…) “navega Cuba en su mapa: un largo lagarto verde, con ojos de piedra y agua”.




