- Detalles 27 Octubre 2016 Por: Mey Ling Chang Aguilar mey_ling@rbaragua.icrt.cu En Cultura
Palma Soriano. - Hace pocos días culminó la Jornada de la Cultura Cubana, la cual permitió rendir digno homenaje a personalidades e instituciones con una destacada trayectoria en el ámbito cultural del municipio. Pero también fue el marco propicio para acercarnos más a nuestras raíces, a nuestras tradiciones. Algo importante en estos momentos en los cuales nos bombardean con símbolos extranjeros de todas partes. No podemos pensar que solo están presentes en la ropa.
Es cierto, el vestuario es parte imprescindible de la identidad de un país y preocupa cómo las personas llevan prendas con banderas de cualquier nación. Pero más debemos preocuparnos por los símbolos que llegan a través del arte y la cultura.
Una de las vías es el paquete semanal, fuente de una cantidad desmesurada de videos, música y shows de artistas extranjeros. Las consecuencias son graves: nuevas generaciones totalmente ajenas a los valores de la cultura nacional y más informada del último sencillo de cualquier cantante de fama internacional.
En momentos así, bien vale retomar el estribillo de una vieja canción: “Conoce a Cuba primero y al extranjero después”. Porque es, en verdad, bochornoso, apreciar cómo hacemos a un lado lo nuestro y nos convertimos en expertos, hasta adictos, de “lo que viene de fuera”. Incluso da más vergüenza que “allá fuera” entonces se valore tanto la cultura cubana.
No podemos quedarnos de brazos cruzados ante semejante invasión de símbolos extranjeros, ante la amenaza de la identidad nacional.
Corresponde a la familia, en primer lugar, inculcar el amor, el respeto y también la motivación hacia los aspectos relevantes de la cultura cubana. Es cierto, en los últimos años hemos tenido altibajos: no todos los productos de factura nacional, en cuanto a música y audiovisuales, han sido buenos. Por fortuna ya hemos dado pasos de avance en tal sentido y uno de los mejores ejemplos es “Sonando en Cuba”.
También le toca a las escuelas jugar su rol, porque cada clase se convierte en espacio ideal para aprender de nuestras raíces, de nuestra nacionalidad. Y si de cultura se trata: ¿por qué no insistir en cantar el Himno Nacional a viva voz? ¿Por qué se deben poner grabaciones cuando hay actividades? Nada debe sustituir el orgullo de entonar esas notas.
Y claro, todas las instituciones culturales han de pelear en esta batalla, defendiendo lo nacional. En tal sentido se ha de seleccionar con más cuidado la música, e incluso el talento a presentar en las diferentes actividades o momentos. Cuando se logren materializar espacios de calidad hasta los jóvenes se sentirán atraídos.
A todos nos toca reflexionar al respecto porque es una cuestión de dignidad conocer los valores culturales de nuestro país. Lo extranjero siempre puede venir después.




