Historia de cómo conocí a un buen artista

Historia de cómo conocí a un buen artista

Palma Soriano.- A Reynier Callard Pacheco le conocí de casualidad, sabía que era artista. Me dijeron: “Muy bueno pintando” y confieso que enseguida me imaginé su obra como un grupo de cuadros llenos de manchas de colores. Pero el destino da muchas vueltas y uno aprende cada lección…

Un día el joven palmero Callard me sorprendió con un regalo. Se inspiró y pintó algo que se me antoja una metáfora del periodismo radial, me gustó muchísimo, era sencillamente genial. No pude convencerle para una entrevista, demasiada timidez. Mas si obtuve toda la información necesaria para estas líneas.

Reynier Callard Pacheco es una de las nuevas promesas de las artes plásticas en tierras del Cauto. Lo curioso: tal vez ni sus vecinos ni su familia se han percatado de ello.

Se graduó de la Academia de Artes Plásticas “José Joaquín Tejada”, es miembro de la Asociación Hermanos Saíz y ya acumula algunos premios en eventos importantes. Entre sus temáticas preferidas está la cotidianidad del cubano, los pioneros, la comunicación, la arquitectura. Pero eso no es lo mejor.

Callard es de los pocos que se atreve a desafiar lo convencional y reta al espectador a encontrar mensajes tras los trazos, tras la pintura. Lo mismo lleva su inspiración a los lienzos que a la tapa oxidada de un tanque. Su creatividad sin límites transforma los objetos más simples en obras de arte, es como una especie de mago en tiempos modernos. Y así, quienes le conocen, descubren en cualquier rincón de la ciudad un elemento que lo identifica.

Lección: uno no debe juzgar al artista sin antes ver su obra, conocer sobre sus musas y otros tantos detalles.