Palma Soriano.- Dos Milenios atrás, Cicerón el más elocuente de los oradores romanos, enseñaba a sus discípulos que: "todos los movimientos del alma debían ir acompañados de gestos, ademanes y actitudes y, en especial de la rica mímica de los ojos".
El ademán o gesto puede sustituir una palabra, letra (como en el alfabeto de los sordomudos), un concepto o incluso, forma una especie de código. Recordar la mímica de los deportistas, las señales utilizadas en la aeronáutica, por los reguladores del tráfico, los bomberos y los buzos.
Se plantea que, la mímica ayuda a comprender mejor el carácter de los pueblos, sus tradiciones culturales, mitos y folclor, por lo que es muy importante tenerla en cuenta a la hora de estudiar idiomas, coreografía o teatro.
Muchas investigaciones afirman que la mímica (del griego mimos, "actor") es la comunicación a través de gestos o ademanes, es propia del hombre como ente biológico ya que los animales también en alguna medida poseen semejante capacidad de expresión.
Según los científicos, algunos ademanes del hombre tienen su origen en el mundo animal. A medida que la sociedad humana se fue desarrollando la mímica adquirió un nuevo sentido social que distingue además a cada pueblo o nación. Por ejemplo, los búlgaros para decir NO mueven la cabeza de arriba hacia abajo y de un lado a otro para decir SI.
Cuando pasan los siglos y ya vivimos el XXI, y pese a que muchas personas dominan hasta cuatro y más idiomas, la mímica sigue y seguirá cumpliendo su función comunicativa. Cuando se reúnen personas de muchas partes del mundo en festivales, olimpíadas, eventos científicos, cumbre. A menudo los ademanes ayudan a establecer los primeros contactos, despertar simpatías y comprenderse. La mímica a veces resulta mucho más elocuente que las palabras.
A los cubanos, cuya idiosincrasia es la de ser conversador, locuaz, expresivo, amistoso... estos gestos, mímicas y ademanes se acentúan cuando de entablar un diálogo se trata.