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Palma Soriano.- La sonrisa de nuestras niñas y niños es como la luz del Sol. Se llama rosa y esperanza. Y es que la infancia es una de las etapas más linda de todo ser humano y, por demás importante. Ahí se forjan las bases de actitudes y valores cruciales para el ulterior desarrollo de toda persona.
Toda pareja cuando concibe a un hijo lo piensa en un ser humano de bien. Al interior del hogar, la crianza de una niña y niño es compleja, difícil pero la educación sistemática en las normas de educación, valores sociales y humanos es vital para cuando ellos, en la calle, encuentran una vida “terca”, que no es perfecta pero con la que hay que lidiar con respeto, tolerancia, además de la responsabilidad de los padres y el resto de la familia en saber escuchar a los pequeños, guiarlos por el buen camino, comprender sus inquietudes, saber perdonarlos y hasta decir No y con argumentos ante un capricho que, en un momento dado, no puede ser complacido.
Existe retroceso en los valores que reciben nuestras niñas y niños en el hogar y en la sociedad actual cubana estratificada?.
Las niñas y niños de hoy son los llamados “nativos digitales” y yo los disfruto cuando observo cómo son capaces de poner a prueba su inteligencia, una vez que interactúan con las tecnologías y desde ellas aprenden contenidos positivos para su formación y entretenimiento, como también las no adecuadas que vienen acompañadas con la música, las modas, los juegos, videos, películas y otros, resultado todo ello del mundo globalizado.
Toda niña y niño es un proyecto hermoso de la vida. La espiritualidad cubana aunque no es perfecta, es sana por las tradiciones e idiosincrasia social y cultural heredadas y el llamdo actual es preservarla, salvarla de cualquier “miseria humana” de la que tanto habló el más universal de los cubanos, José Martí, en pos de que la sonrisa de las niñas y niños nuestros asomen en la cotidianidad de sus vidas con esa mezcla de ingenuidad, picardía y la manera sincera, feliz y fraterna conque aparece en los rostros de los que saben querer, que contagia y nos hace cómplices.










