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Palma Soriano.- La frecuencia cada vez mayor de eventos meteorológicos extremos en nuestro planeta es una alarmante realidad.
Las manifestaciones pueden variar en dependencia de la zona geográfica, pero su impacto dañino para la vida es innegable: olas de calor, fuertes nevadas, sequías, inundaciones, huracanes de gran intensidad… Por si fuera poco, hasta un llamado “ciclón bomba” afectó recientemente la zona este de Estados Unidos, congelando todo a su paso y cobrando una veintena de vidas humanas.
Los palmeros conocemos muy bien la furia de un huracán. Todavía quedan huellas en nuestro territorio del paso de “Sandy”, cuyo poder destructivo llenó de tristeza muchos hogares. También hemos padecido etapas de intensa sequía, con afectaciones directas a la población y todos los renglones de la sociedad y la economía. Y es que el cambio climático hace mucho tiempo comenzó a manifestar su carácter nocivo, un peligro que sigue latente en nuestros días con el inicio de la temporada ciclónica 2018.
La influencia negativa del hombre sobre el medioambiente es la causa principal de estos embates. Es verdad que, si ponemos en una balanza nuestra responsabilidad en el tema respecto a la de los poderosos de este mundo, el peso casi total quedaría del otro lado. Sin embargo, en la batalla por preservar el medioambiente todo ser humano tiene un lugar indispensable.
Más allá de reflexionar, el momento es de actuar. Y se concreta en el ahorro de energía eléctrica, en el cuidado de ríos y playas, aportando a la higiene de la ciudad, plantando una semilla, y en cualquier otra iniciativa por insignificante que parezca. El medioambiente es un regalo del que todos nos beneficiamos. Por eso, nos corresponde a todos protegerlo por un futuro sostenible.










