La reina de los campos de Cuba

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Palma Soriano.- Más allá de lo real o lo místico acerca de la célebre palma de Soriano, leyenda o realidad que dio origen al nombre oficial de la Ciudad del Cauto, lo cierto es que ese árbol forma parte inseparable de este terruño y de toda la nación.

Con su largo tronco y su penacho verde se alza en valles, montañas, y ciudades, destilando cubanía.

Y es que la palma real, o roystonea regia, como se denomina científicamente a este especie, cautiva por su belleza, originalidad, y múltiples usos. Quizás también por esa combinación, y por su presencia casi obligatoria en los campos de Cuba, se le considere como el árbol nacional y su imagen aparezca perpetuada en el Escudo.

Como la virtuosa mujer que halla su plenitud en el servicio a los demás, la palma se brinda a la naturaleza y al ser humano. Su tronco, cuyo diámetro oscila entre los 50 y 60 centímetros, proporciona tablas para los bohíos y casas de curar tabaco. Las grandes hojas o pencas sirven para el techado de estas viviendas, y sus flores proporcionan un banquete exquisito para las abejas. Su fruto, el palmiche, constituye un clásico y nutritivo alimento para los cerdos, y puede ser fuente de aceite para fabricar jabón.

Investigaciones afirman que la raíz de la palma real sirve como diurético, para expulsar cálculos renales, así como en el tratamiento de la diabetes. A través de un estudio sobre plantas medicinales típicas de la Isla, se dio a conocer la utilidad de sus frutos para el desarrollo de un novedoso producto en el tratamiento de la hiperplasia prostática benigna.

Y es que la palma real, bella, majestuosa, solidaria por naturaleza, sigue llenando de asombro a los hijos de esta tierra. Todos reconocemos la hermosura, elegancia, utilidad, de quien cada día se reafirma como la reina de los campos de Cuba.