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Palma Soriano.- Un refrán asegura: ‘Cuando veas la barba de tu vecino arder, pon la tuya en remojo’…Lo traigo a colación por lo de un viejo proyecto que se retoma, de esas cosas que se dejaron a un lado y que ahora, en medio de una situación que está más que tensa, obliga a volver.
Se trata de entregar treinta libras de viandas, hortalizas y granos cada mes, de manera per cápita, y ese tope es regla de organismos internacionales. Por ese camino se avanzó, hasta que el descontrol, los bandazos que no se abandonan, la falta de chequeo y de exigencia, incluso digo más, hasta que el delito y la corrupción pasaron la cuenta a esa norma, todo estaba bien.
Ahora hay que regresar, por lo que el mundo impone, porque no se puede seguir importando, porque tenemos deudas, y porque las provincias grandes productoras, exceptuando Artemisa y Mayabeque, fueron quebrantadas, primero por el huracán Irma y ahora casi ahogadas por la tormenta subtropical Alberto.v
Dicho en otra forma, sencillamente no tenemos suministradores, hay que producir a domicilio, hay que asegurar las treinta libras de alimentos a orillas del Cauto, y sépase que sí se pude. Pero hay que sembrar, controlar lo que se siembra, porque uno de los males de este proyecto anteriormente fue que la falta de variedades obligó al boniatazo, al yucazo, al decir en buen cubano.
Entonces hay que diversificar la siembra, pero los decisores tienen que chequear y organizar, hay que tener una siembra escalonada, y eso toca también a los que cobran por controlar.
Treinta libras de viandas, hortalizas y granos se producen desde hace un tiempo por estos lares, pero el control sobre su destino, nadie lo sabe, o se supone que no se sabe… Termino: ¡Sí!, más temprano que tarde la protección al consumidor llegará a las pipas, dispensas y roneras sin marcas...










