Basura electrónica

 Basura electrónica. Imagen tomada de Internet.

Palma Soriano.- Todos hemos sido cautivados por los avances de la tecnología, sin embargo, es un arma de doble filo. Mientras los modernos equipos y dispositivos que utilizamos a diario están funcionando, proporcionan infinitas ventajas, pero al romperse generan un grave problema: contaminación al medio ambiente.

Los dispositivos o equipos en desuso conforman la basura electrónica. Las personas suelen desecharla según los métodos tradicionales: junto con el resto de los residuos o vertiéndola a cielo abierto. De manera inconsciente ponen en riesgo sus vidas pues los metales y otros elementos que poseen los residuos de estos aparatos son altamente dañinos. Reaccionan con el agua y la materia orgánica, liberando tóxicos al suelo y a las fuentes de aguas subterráneas.

Entre los artefactos más contaminantes están las pilas, las baterías, los tubos fluorescentes y las lámparas de bajo consumo, pero los elementos que más preocupan a los especialistas son los teléfonos móviles, los cuales contienen litio, níquel o cadmio. Solo el cadmio ocasiona diarrea, dolor de estómago, vómitos severos, fractura de huesos, daños al sistema nervioso e incluso puede provocar cáncer.

El avance de la tecnología nos ha impuesto un reto enorme: aprender a reciclar los residuos electrónicos. Las ventajas son evidentes: se recuperan metales o materiales escasos y de difícil obtención a través de la minería, además, podemos reducir el impacto ambiental de estos residuos.

Aunque no vivamos en una sociedad consumista, donde los equipos se renuevan constantemente, no podemos ignorar la situación. Las empresas deben poseer sistemas eficientes de gestión para reciclar. En los hogares pueden buscarse alternativas novedosas, además de intentar extender la vida útil de los equipos: un hábito ya arraigado. Lo importante es entender que reciclar la basura electrónica es otra de las vías para asegurar nuestro bienestar en el futuro.