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Palma Soriano.- El auge de las tecnologías no solo ha traído en consecuencia la decadencia del hábito de la lectura, también se cierne el peligro sobre un milenario arte: la escritura.
Pudiera parecer que es un fenómeno solo patente en países desarrollados, sin embargo, en nuestro contexto ya estamos viendo algunas muestras de que la escritura ha sido relegada a un segundo plano. Basta con observar los hábitos de la juventud actual.
El lápiz y el papel han sido sustituidos por los teclados de las computadoras, tabletas y teléfonos celulares. A los jóvenes les resulta más fácil copiar y pegar de la Wikipedia o la Ecured, para realizar los trabajos. También hay padres que acostumbran a sus hijos a esta facilidad. Es un pésimo error, porque cuando se presenta una emergencia entonces les cuesta adoptar el método tradicional: escribir a mano.
La comunicación a distancia ha sido monopolizada por los correos electrónicos, mensajes de texto y hasta el chat. No podemos negar que son vías rápidas y eficientes, pero no hay algo más hermoso y conmovedor que recibir una carta.
Cuando escribimos a mano, cada trazo define nuestros sentimientos, nuestra personalidad y estilo. Es como dejar huellas en el papel, con la esperanza de que se conviertan en testimonios para otras generaciones.










