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Palma Soriano.- Pensar en un proyecto a veces se torna difícil, sobre todo cuando se puede soñar, pero de manera limitada y no sólo por cuestiones materiales, sino también porque ese sueño depende de otros tantos involucrados.
Proyectarnos una ciudad diferente debería ser destino o meta para todos los que la habitamos, porque de una manera u otra la edificamos día tras día, sin percibir cuánto de nosotros dejamos en ella.
¿Ya pensó en la ciudad que quiere para usted y para sus hijos, pensó en cuánto hace usted por construir y merecer esa ciudad?
La ciudad que yo quiero se parece mucho a lo que probablemente la Ciencia Ficción calificaría de futurista y no me refiero a un espacio en que los autobuses vuelan y conversamos amenidades con los peces, hago alusión a cosas tan básicas que sonarían risibles. Mi ciudad soñada brilla de limpieza y pulcritud, allí pesa más el amor que el horror. Le sobran los hijos que velen por ella, la empatía y el buen carácter hacen culto a toda hora.
Mi ciudad proyecto, en la que se recibe desde los "buenos días" hasta el "duerme bien", va a demandar que usted torne ese sueño suyo y empecemos a obrar para que esa utopía difícil se transforme en realidad constatada.










