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Palma Soriano.- Una enseñanza que promueve la formación de saberes que precisa también Cuba para seguir andando. El nivel técnico-profesional se enfoca en sus estudiantes, a pesar de los tiempos adversos que sufrió la nación en los primeros años del llamado Período Especial y la consabida carencia de recursos.
En las clases se amasa la arcilla de lo que será un obrero calificado, practicante de oficios tan antiguos como la historia; y tan necesarios en la cotidianidad, vertidos en la destreza de un carpintero o constructor. O el que posteriormente prestará sus servicios al pueblo.
Hombres y mujeres útiles. Estudiantes que aprovecha no sólo lo aprehendido en las frecuencias escolares, pues afloran y funcionan de manera constante, a pesar de las muchas dificultades, las llamadas aulas anexas, una provechosa opción para poner en práctica las habilidades y explotar la capacidad individual.
Talleres y laboratorios se rescatan en los centros, a las que se unen iniciativas similares en las entidades y empresas. En ellas tienen lugar procesos, labores y actividades afines a las especialidades que se imparten en la enseñanza. Los espacios son gratamente invadidos por los alumnos, quienes son atendidos por especialistas de la producción y los servicios. Ellos cumplen funciones de docencia junto a los profesores, desentrañando las especificidades de cada labor, en la guía oportuna al futuro trabajador.
Es esta la mejor manera de complementar lo que no se lleva el educando del aula. Un esfuerzo que se agradece, sobre todo por las herramientas que están al alcance de la práctica. Lo idóneo, desde luego, sería que cada escuela de oficios, o politécnico, pudiera contar con estos espacios, sus instrumentos y áreas específicas. Lo necesario para asegurar una sólida formación de los que mañana iniciarán una vida laboral y que esperan hacerlo por la puerta ancha del conocimiento.
Mientras esto no ocurra, son estas aulas anexas y talleres un pilar indispensable en el proceso de enseñanza-aprendizaje. El objetivo puede ser exitoso si se toca cada detalle y se establece un convenio serio entre las partes, para hacer de estos lugares, como si fuera la escuela misma.










