- Detalles
Palma Soriano.- En favor de la actualización del modelo económico en Cuba se ha volcado la nación. No son pocas las dificultades y trabas, a las que hay que desterrar del puesto de trabajo, la dirección, los servicios o la propia producción. Grande resulta también el reto de combatir lo mal hecho y manifestaciones que atentan contra los planes que se erigen para seguir encaminando a la nación, a la altura de lo que requieren sus habitantes, donde cada quien coseche aquello que fue capaz de sembrar.

Pero esta Cuba en que vivimos y la Cuba mejor que aspiramos cada día, no puede ser posible sin el esfuerzo de su masa trabajadora. La que día a día se levanta, desafiando las vicisitudes y a veces la cuesta empinada de la cotidianidad, y marcha allí a su colectivo, queriendo crecer desde el aporte.
De ahí que productividad y eficiencia deben transformarse más que en términos, en acciones puntuales. Mucho se hace hoy, es innegable. Llueven las hazañas en las páginas del libro glorioso del proletariado de esta tierra. Y se hace con la unidad, arma estratégica de la Revolución. Una unidad que no niega diferencias de opiniones, sino que se fortalece y consolida con ellas.
A los trabajadores en Cuba corresponde el papel protagónico en este proceso de actualización del modelo económico y el perfeccionamiento de nuestra sociedad. Hoy la masa obrera y su movimiento sindical no son simples observadores de los cambios, sino participantes activos en estos. De ahí que trabajo, ahorro, disciplina, orden y la exigencia, serán la única manera de superar deficiencias y errores.
Gracias en buena medida al respaldo del proletariado, Cuba avanza. Y sólo será posible obtener los resultados esperados, con dos armas poderosas: trabajo y lineamientos, deben ir de la mano. Por todos, por Cuba.










