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Palma Soriano.- Vilma Espín se despidió de su pueblo y sus seres queridos aquél 18 de junio del 2007, mas no para siempre. En medio de la tristeza por su partida, todos sabíamos que se eternizaría y quedaría su presencia como el aroma perenne de una flor. Fue difícil decirle adiós a Vilma, pero hoy después de tantos años llenos de transformaciones en los que aún están sus huellas, es más fácil recordarle.
Vilma fue parte de aquella generación que apostó juventud y sueños por la libertad. Al imaginarte entre ellos veo a la dulce y delicada muchacha santiaguera inconforme con su vida de princesa, a la inquieta estudiante de Ingeniería Química en la Universidad de Oriente, capitana del equipo de voleibol, a la cabeza de todas las marchas y actos de repudio contra la dictadura, a la atrevida colaboradora de Frank País, en medio de la clandestinidad arriesgando su vida.
Le imagino en la Sierra Maestra, donde bajo el estrépito de los combates y los infinitos obstáculos, descubriste tu primer amor. Allí, en medio de las serranías tejiste aquel tímido romance con viejas canciones cubanas y flores silvestres. Puedo incluso, imaginarme cuán difícil debe haber sido para ella, luego del triunfo revolucionario, asumir tantas tareas. Me parece observarla de nuevo en la televisión o en los periódicos, en algún congreso de la Federación de Mujeres Cubanas o en las asambleas del Partido.
Ya no tenemos lágrimas, esa honda tristeza que acompañó su partida se ha transformado en la dicha de recordarle; siempre el rostro amable, con una sonrisa luminosa y la mirada serena. Así enamoraste a Raúl, así conquistaste a este pueblo para el cual, Vilma querida, nunca dejarás de ser una flor cuyo aroma se eterniza en cada mujer cubana.










