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Palma Soriano.- El auge de las tecnologías no solo ha traído en consecuencia la decadencia del hábito de la lectura. También se cierne el peligro sobre un milenario arte: la escritura.
Por ejemplo, en Finlandia, a partir del otoño del 2016 ya no será obligatoria la enseñanza de la letra cursiva. Sólo se mantendrá la escritura en letra de imprenta y se potenciará el uso del teclado mediante el aprendizaje de la mecanografía. Pudiera parecer que es un fenómeno solo patente en países desarrollados. Sin embargo, en nuestro contexto cubano ya estamos viendo algunas muestras de que la escritura ha sido relegada a un segundo plano. Basta con observar los hábitos de la juventud actual.
El lápiz y el papel han sido sustituidos por los teclados de las computadoras, tabletas y teléfonos celulares. A los jóvenes les resulta más fácil copiar y pegar de la Wikipedia o la Ecured para realizar los trabajos. Eso no es lo peor, si analizamos un poco más el asunto encontraremos que casi nadie escribe cartas, no solo las de amor.
La comunicación a distancia ha sido monopolizada por los correos electrónicos, mensajes de texto y hasta el chat. No podemos negar que son vías rápidas y eficientes, pero no hay más hermoso y conmovedor que recibir una carta.
No se trata de rechazar los beneficios de la tecnología, sino de equilibrar la modernidad con la tradición. Solo así no terminaremos perdiendo las cosas sublimes que embellecen y alegran la vida cotidiana. Cuando escribimos a mano, cada trazo define nuestros sentimientos, nuestra personalidad y estilo. Es como dejar huellas en el papel, con la esperanza de que se conviertan en testimonios para otras generaciones.










