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Palma Soriano.- Arde ya la llama de los 17 Juegos Panamericanos. Toronto, Canadá abrió sus puertas de ciudad a los miles de deportistas de 41 naciones hambrientos de triunfo y gloria. Una fiesta múltiple, que contagia por estos días de verano y calor con actuaciones delirantes, récords que se alistan, tal vez para caer y eso sí, infinitas emociones a flor de piel.
La delegación cubana está lista para el combate. Y mientras, más al norte, en la fría Canadá, se prepara el campo donde se dejan cuerpo y alma los hijos de Hermes; desde este lado de la isla hay corazones colgados a la pantalla chica y las noticias. Pendientes siempre de cada salida al terreno, a la pista, al tatami o la piscina.
Confiados en los suyos, los seres queridos de los más de 90 representantes santiagueros y también de los siete de esta ciudad del Cauto, se unieron para formar las familias Panamericanas. Un gesto que aglutina como fuerza poderosa, el quehacer y la preparación que siempre antecede a una cita de esta magnitud.
Porque fue desde esas primeras edades, donde nació el amor por la práctica de una disciplina deportiva. Pero el aliento más grande para emprender los sueños, soplaron desde el seno del hogar, con el apoyo absoluto, la vigilia y preocupación constantes; en el empeño alto y el orgullo de representar las cuatro letras y el corazón de una isla.
Familias Panamericanas, que no en cuerpo, pero sí en espíritu estarán en la ciudad de Toronto animando a esos retoños que andan en busca de su propia gloria. Familias que vibrarán en cada salida. Que sentirán los nervios e incertidumbre del primer o definitivo encuentro. A ellas les valdrá la victoria, y no dejarán de sentir como propias las derrotas.
Toronto se torna color continente. Los 17 Juegos Panamericanos están en marcha. Cuatrocientos 47 gladiadores cubanos saldrán a la arena. Y con ellos, serán muchos más, sus familias, a las que brotarán las emociones a flor de piel, a la espera de una medalla.










