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Palma Soriano.- Acercarse a la historia de vida de cada hombre y mujer de ciencia del central Dos Ríos de esta localidad santiaguera es un privilegio, como también apreciar todo lo que forma parte del proceso de producción de la caña de azúcar.
Aquello que se da en conocer como sentido de pertenencia está muy arraigado en los trabajadores azucareros palmeros (en los más experimentados y jóvenes) y se puede constatar ahí tal experiencia cuando este colectivo de gente sencilla, común, de pueblo, se aferran a una trayectoria laboral que ya les hace advertir el tiempo a través de las canas. Las fuerzas y sabiduría de ellos aún están vivas como el primer día.
Y es que pese al recrudecimiento del Bloqueo Económico y Financiero del gobierno de los Estados Unidos a Cuba, que data ya sesenta años, la voluntad de hombres y mujeres del central Dos Ríos no mengua como tampoco resolver un problema que lleve pensar, por muy difícil que sea.
El reciente Fórum de Base de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR) que tuvo por escenario la Sala de Control de la Unidad Económica de Base del coloso palmero lo demostró y, en particular, las ponencias llegadas al evento del área del Taller de Maquinado donde está la verdad, como en buen cubano suele decirse.


Manos y rostros curtidos, que advierten los años de servicio al sector azucarero, cada zafra vivida y con ella el proceso de producción de azúcar que desvela, sobre todo cuando hombres y mujeres ahí se aferran a la calidad, llaman poderosamente la atención y obliga al visitante a la reverencia hacia hombres y mujeres de ciencia del central Dos Ríos.
Desde lo individual y lo colectivo, históricamente en los Fórum de Base de la ANIR de este central se han logrado resultados excepcionales y de hecho, acompañados con avales técnicos para ser generalizados.
El central Dos Ríos, con una hermosa historia, está en pie pese al Bloqueo y la Covid-19, como también gracias al sentido de identidad de sus obreros porque a él le deben la vida y porque a Cuba hay que sostenerla, agradecerle, respetarla y amarla.
Y es que sus aniristas no paran de innovar, crear; prueban, ajustan las piezas, vuelven a comprobar pero no se dan por vencidos.
En tiempos de zafra, cuando en la chimenea asoma el humo y ese olor a “monstruo”, como suelen llamarle los lugareños al central, hombres y mujeres de ciencia ahí están ocupados en resolver los problemas, las carencias. Se imponen a la tensión y mala noche que implica trabajar en el sector pero con humildad y dignidad.
Innovadores y racionalizadores azucareros se levantan ante la ausencia o fractura de una pieza o equipo que pueda comprometer el compromiso del plan de azúcar del Dos Ríos o como por cualquier razón el mismo tuvo que detenerse una hora de producción y ello implica una pérdida de más de por ejemplo, 17 mil pesos a la economía del país.
Por eso, no hay duda de la calidad e inteligencia que habita en el CAI Dos Ríos. Los aportes a dificultades reales son insospechados, dignos de admirar. El espíritu del Che, la certeza que este año y, sin obviar el protocolo de las medidas sanitarias, el central va por más pese a las implicaciones también del cambio climático.
La historia del azúcar y su ciencia ahí son acicate y estímulo para otros innovadores cubanos. Es entrega palpada, altruismo, ejemplo ante un mundo globalizado donde los más “fuertes” luchan por imponer sus intereses y cultura.
Y es que además trabajadores de la ciencia en el coloso palmero se apropian de aquellos versos guillenianos cuando el poeta Nacional los concibió con el título de Tengo: “Tengo, vamos a ver, tengo el gusto de andar por mi país, dueño de cuanto hay en él, mirando bien de cerca lo que antes no tuve ni podía tener. Zafra puedo decir, monte puedo decir, ciudad puedo decir, (...)”.
Enhorabuena la sapiencia y fuerza de los azucareros palmeros.










