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Palma Soriano.- La revista La Edad de Oro sorprendió y sorprende por su calidad, conceptos y valores que deseaba transmitirnos José Martí a través de los cuentos y poesías.
“De puntillas, de puntillas, para no despertar a Piedad, entra en el cuarto de dormir el padre y la madre” (…). Así comienza, por ejemplo, el cuento La Muñeca Negra, uno de los relatos que Martí escribiera para los niños del siglo XIX y futuras generaciones en esa revista. La Edad de Oro, una publicación a la que le dedicó mucha energía, pasión y conocimiento de la historia y que justo el primero de julio de este 2020, su primer número, estará cumpliendo 131 años de creada.
El apóstol de Cuba no concibió esta revista de la nada, sino que tuvo como base lo mejor que se estaba realizando desde distintos lugares del planeta, y sobre todo en los mismos Estados Unidos donde entonces él residió.
Obsérvese que existe en La Edad de Oro un cuento fantástico, concebido por el más universal de los cubanos, y es la reflexión honrada, la fiebre heroica de la Historia, la pena de un poema como el de “La Niña de Guatemala” donde flota la muerte, la piedad, el amor o las proezas técnicas de una época.
Martí en el aspecto más específico de las ideas pedagógicas tuvo especial interés en informarse y estar actualizado en lo que acontecía en ese campo, lo que le permitió ir madurando conceptos que su propia experiencia le proporcionó a través de fechas muy tempranas. Recuérdese que él fue Cónsul en varios países de Latinoamérica y buena parte de sus viviencias las reflejó y recreó en la revista La Edad de Oro.
Esta revista pensada para los niños de América y otras latitudes del mundo se perfila sobre la base de un pensamiento consciente, coherente, incluso en detalles que, en algún momento, dejó aflorar a través de textos muy variados, reséñese también el titulado “Bebé y Señor Don Pomposo” y otros.
El universo en el que se desenvolvía un niño latinoamericano a la altura de 1889, comparado con la actualidad que experimenta un chico o chica de hoy en Cuba y más cercano, a este pedacito del oriente de nuestra isla, que vive el efecto de la Internet y las tecnologías resulta, a ojos vista, enorme. Sin embargo, su intención y repercusión es genial y como remanso de suerte nos hace pensar que La Edad de Oro ha navegado y navega con buen viento en este tiempo porque resulta uno de los libros más buscado por todas las edades, que su contenido no es vacío, ni rancio, al tiempo que sigue siendo atractivo para ser leído.
La presencia de la revista o libro La Edad de Oro continúa siendo grata en las vidas de los cubanos y, en particular, de los palmeros. Algo muy parecido al calor del hogar. De un lenguaje claro, cercano, ejemplar, que viaja a otras naciones del mundo, que conmueve y por fortuna nosotros contamos, acariciamos, abrazamos y nos sentimos felices por saber que en casa la conservamos o en cualquier biblioteca pública del territorio o el país. Un proyecto martiano esencial.










