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Palma Soriano.- El velero sortea el oleaje que muestra una sábana de espumas. Los maderos del palo mayor, las jarcias y las tablas de la cubierta y los costados se hinchan de tanta humedad. Los negros viajan en la bodega y en los dos únicos camarotes los blancos, las mademoiselles, sus hijos y los esposos, acompañados por los esclavos de confianza: Músicos, peluqueros, sombrereros, el herrero mayor y otros, escapados apenas, junto con un contramayoral, de la furia de las dotaciones que a punta de machete y teas incendiarias desmembraban a las mujeres luego de violarlas.
En la cubierta, sobre la popa, varios grupos de negros libertos de todos los oficios habidos y por haber, probarían suerte en la Rue de Clock o Calle del Gallo, en una ciudad caliente, vaporosa, ahogante todos los mediodía y llamada San Santiago de Cuba. En todos los macutos de los negros un manojo de hierbas atestiguaba el misterio de una bebida que era patrimonio de Haití: el prú.
"El prú llegó a Cuba traido por los haitianos. Eso me lo contaron mis abuelos que eran mulatos nacidos en Haití. Resulta entonces que ellos trajeron sus hierbas para seguir fabricándolo aquí y tuvieron la gran sorpresa, porque la Provincia de Oriente tenía la vegetación similar a la de ellos allá. No, yo no soy palmero, yo soy originario de Baracoa y por eso la gente me llama así Don Lico Baracoa. En eso del prú yo soy la cátedra en Palma Soriano".
En los años cincuenta existían en Palma Soriano varias personas que vendían prú. Uno de ellos era Don Lico Baracoa, con establecimiento en Martí Alta al lado de la peluquería Los Tres Mosqueteros. Lico también mostraba en sus vidrieras pegadas a la acera y dentro del negocio las buscadas manzanas acarameladas, más todo un rosario de dulces de piña, coco, frituras y demás delicias de la cocina dulcera criolla
Otro prucero famoso era Castellanos, que residía en el Aterrizaje, al nordeste del Central Palma y era casado con una señora de la familia Govea de Palma con quién tuvo varios hijos, entre ellos Pelao, Guanche y otros, varones y hembras. Castellanos era dueño de una carretilla tirada por un soberano penco la cual llenaba de cajas de refrescos con un prú que de sudar nada más el sol mañanero, comenzaba a botar las tapas que parecían disparos. Castellanos detenía su carretilla debajo de un atejito, en el entronque del camino de La Warren y la vía hacia Candonga.
El otro afamado prucero de Palma Soriano era Gerardo Despaigne, quién tenía su carretilla de dos ruedas, más bien estacionaria, en la esquina de Quintín Banderas y José martí, pegada a la acera de la tienda de Ropas de la familia Vallina. Gerardo nos aseveraba en conversación personal allá por 1980.
"Mira, David, yo crié a todos mis negritos con el prú. Aquí donde tú me ves, vendía tras y cuatro garrafones de cristal. Lo preparábamos de noche con todas las hierbas y raíces que llevaba, luego se hervía, se cocinaba y al otro día se le daba la cantidad de sol para que se pusiera fuerte. El prú no tiene receta fija, cada cual le da su punto, pero lo cierto es que en la curación y el sol está la gracia. Las hierbas y las raíces y la cantidad de azúcar debe ser la misma para que tenga la picazón esa que se clava en la garganta del cristiano. Hay quienes dicen que tienen su propio misterio pero eso es puro cuento, el punto lo hereda uno de la familia...nosotros los Despaigne somos pruceros natos,de nación ".
Desde Hongolosongo y por todo el sur de la Sierra Maestra, pasando por Dos Palmas y hasta Ramón de Guaninao y un poco más allá hubo una fuerte colonización franco-haitiana. Son decenas y decenas de cafetales: Simpatía, La Gran Colín, Resurrección, Vicet, Santa Clara y otros nombres.
Unos pequeños, otros medianos y algunos enormes como Santa Clara de la familia Laviste. En todos ellos, el prú era la bebida más usada por los negros de plantación, los mayorales, los contramayorales y hasta por los dueños blancos o mulatos. Al prú se le daban atributos afrodisíacos, de hacer preñar a las mujeres y además la baratura de su costo era favorable. Dicen los que lo han tomado que el prú de la Sierra es el más fuerte y que se debe en parte a la pureza de las aguas.
"A mí me llaman como Castellanos y vivo por el Aterrizaje. Nosotros en la familia fabricamos el prú con Raíz de China, Bejuco Ubí del África que también le llaman Bejuco Indio. Le echamos jenjibre, se le añade hojas de pimienta dulce, canela para fijarle el sabor si lo quiere más fuerte, agua pura y azúcar prieta. Eso depende de la receta de cada uno. Lo que le he contado, David, es lo que lleva el prú natural, porque... hay quienes inventan y tienen su propia receta y le empujan caña santa y hasta retoños de pino y hay quien se atreve a ponerle raíces de Palma Real para, dicen, darle fortaleza. El prú mío, el de Castellanos es con todo el primero...! pruebe, tómese uno y cuidado que puede ahogarse con su fortaleza!".
Análisis científicos consideran que el prú tiene características depurativas de la sangre, que es una especie de medicina natural, se le añaden poderes afrodisíacos, tanto para el hombre como para la mujer, ya que es enervante según algunos, en zonas erógenas del cuerpo humano. Se le achacan grandes contenidos de vitaminas y minerales naturales, pero lo cierto es que es una bebida espiritual, alegre, digestiva y sobre todo refrescante.
Además es diurética por excelencia y depurativa de los líquidos corporales. Otros le atañan excelentes dotes para bajar la hipertensión y algún que otro asiduo cliente de los pruceros dice que "enmagueya", o sea, que pone a la persona en un estado de laxitud y de sueño...! Váya usted a saber cuántas opiniones!.
Hay ruido de tambores repicados por todo el batey del Cafetal. A un costado de la tahona donde se coce el pan todas las madrugadas, una enorme paila de hierro colado recibe las lengüetadas del fuego. Está casi llena de agua hasta los bordes y la negra, anciana y con la pasa llena de moñitos atados con tiras punzó, mueve la paleta de algarrroba mientras con la mano izquierda lanza mejunjes al interior. El vapor le hace parecer una visión del más allá y el ruido de la tumba en la lejanía, le hace mover los pies trozados por los juanetes. Un olor se riega por todos los cafetales: El del prú que se prepara para dejarlo la noche entera al sereno y el rocío.
Mañana, la negra Paula, llenará las vasijas de vidrio y las pondrá al Sol. Es el sortilegio de la bebida predilecta del oriente de Cuba.










