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Palma Soriano.- Una barriada del reparto Maribel de este territorio del oriente cubano se siente orgulloso de la “seño” o enfermera Marislay Rodríguez Guerra. Hace pocas horas aquí, justo cuando el sol en su punto máximo brillaba más y el calor alcanzaba a todos llegó ella a su cuadra donde familiares, vecinos y amigos le esperaban. Entonces era la una y cuarto de la tarde.
Y es que la licenciada, Marislay Rodríguez no tenía ni idea del recibimiento que su Comité de Defensa de la Revolución (CDR) número cinco, “Frank Pais García” de la zona cuatro le tenía preparado. Todos estaban nerviosos. De que quedara bien el modesto momento político-cultural. Las notas del Himno de Bayamo, el emblemático tema de Raúl Torres, “Cabalgando con Fidel” . Al fin! Marislay hace su entrada al barrio.


“Gracias, gracias a todos. Por favor, debemos todos ser responsables con el enfrentamiento a esta pandemia que no tiene rostro y es mortal. Es necesario que todo el mundo ponga su granito de arena en esto, disciplina, que tomen las medidas higiénico-sanitarias; el debido aislamiento social; no salir a la calle, si no es preciso; el uso del nasobuco para poder vencer esta batalla que está fuerte”, fue el pedido de la seño Marislay.

“Hemos recibido en el Hospital Ambrosio Grillo a pacientes asintomáticos y esto si es preocupante porque es un riesgo muy peligroso al que nos exponemos pero lo asumimos con la debida seguridad”, sostiene la profesional de la salud palmera.
Marislay acumula como enfermera treinta años. Adaptada a sopesar con diferentes patologías pero “este nuevo coronavirus es bien peligroso porque en cuestiones de horas puede matar a las personas, comienza a complicarse y máxime en aquellos pacientes con enfermedades asociadas o crónicas, como las que ya se conocen. Es dura la pelea”, explica la enfermera Marislay.
Al decir de Marislay Rodríguez los días de aislamiento social en el Hotel Villa Turquino de Santiago de Cuba les parecían que nunca iban a acabar. Pero el trato de la enfermera que la asistió a ella y al resto de sus compañero fue excelente. Esta última se ocupaba de tomarle la temperatura, los signos vitales, la inyección con Interferón, los horarios de alimentación. Por demás, tuvieron la oportunidad de recibir ahí la visita del director del Hospital Militar de Santiago de Cuba.
“A las once de la mañana estábamos pendientes del parte que emite diariamente, el doctor Francisco Durán. Luego con mi compañera de cuarto conferenciábamos la situación. Siempre con la vista al mar porque es lo que te rodea en la zona a pocos metros de donde se localiza la playa El Francés. Extrañando a la familia, me entraba el gorrión pero nos dábamos ánimo”, cuenta la enfermera Marislay.

A su reencuentro con el hogar, sus padres le esperaron, en especial su madre e hija, hermano y otros familiares. Agradece mucho al músico palmero Rafael Lugo Díaz, Pocholo, y a la hija de este la deferencia en que todas las noches, justo a las nueve, la llamaba para saludarla, saber de ella, que a esa hora los vecinos aplaudían por ella y por todos los trabajadores de la salud de Cuba y el mundo.
Marislay saludó a cada vecino que la esperó, lloró por la emoción del momento y agradeció, que es muy importante. Palabras de elogio por su aporte dedicaron autoridades de organizaciones de masas ahí como la canción de una pionera que gusta del arte y Marislay quiere mucho, sentenciando que del oficio como enfermera ella muere porque como tantos en el país y el orbe, ella forma parte de ese pelotón que ya se hace denominar Valientes.











