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Palma Soriano.- Aparecieron en las calles con guantes en las manos, nasobucos y hasta con soluciones de hipoclorito de sodio en sus equipajes. De casa en casa, con la pregunta certera, el trato amable, la preocupación constante.
En el Cuerpo de Guardia de un policlínico u hospital están alertas ante cualquier sintomatología o con el desvelo y cuido en centros de aislamiento o los hospitales dispuestos.
En cualquier puesto, siempre en la más importante batalla esa que por la vida se libra, ese ejército de batas blancas, están cada día.
Y son también jóvenes y protagonistas de nuestro tiempo. Defendiendo lo humanista, noble y sacrificado de una profesión tan hermosa. Con la convicción profunda de ayudar al país a salir de tiempos tan difíciles. Con la certeza de triunfos, de la luz más allá de estos momentos tormentosos. Asumiendo la tarea priorizada, inician los jóvenes nuestros y desde el propio barrio con la atención primaria, lo mismo desde la realización de las pesquisas activas o el recibimiento del paciente en el Consultorio.
Es una inmensa responsabilidad que ello entraña para todos los de esta nueva generación que ya asume la bandera, la patria y la Revolución y su presente. Es el resultado de lo que con tanto sacrificios y consagración han conquistado los miles de médicos cubanos a lo largo de los más de 60 años de la Revolución han puesto en alto el prestigio de Cuba.
Ante la situación actual, talento y dedicación de cientos de especialistas y el personal de salud todo y de apoyo de dicho sistema están presentes. Tanto se desvelan para erradicar la nueva enfermedad que por eso reciben, cada noche, ovaciones de eterno agradecimiento.
Ellos los estudiantes que visitan nuestras casas, el médico del Consultorio, enfermeros con su atención esmerada, el personal médico en los hospitales o centros de aislamiento, Valientes de hoy, en plena batalla por la vida, junto a ellos también podemos hacer nuestra parte, evitando el contagio, manteniendo la distancia, por la salud de todos.










