El tabaquismo: una pandemia silenciosa

Palma Soriano.- Pandemias hubo muchas en la historia, comenzando por la peste negra en la Edad Media y pasando por las enfermedades que vinieron de Europa y arrasaron con la población autóctona en América, en tiempos de la Conquista.

Se estima que, entre la gripe, el sarampión y el tifus, murieron entre 30 y 90 millones de personas. Más recientemente la gripe española, el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) SIDA, el ébola y ahora la COVID-19; sin embargo, en el mundo, una pandemia silenciosa cercena anualmente más vidas que el SIDA, el alcoholismo, los delitos violentos y los accidentes de tránsito juntos: el tabaquismo.

Para Cuba, país productor de tabaco, su vinculación a la vida cotidiana, cultural y política, hacen que el cubano se haya caracterizado tradicionalmente por ser un pueblo de fumadores. Situación que se complejiza, pues la aceptación social es mayor y se une a ello el hecho de que, en esta isla caribeña el tabaco es una importante fuente de empleo y sustento económico.

Esto provoca que se presente la situación paradójica de resultar importante cultivar tabaco y la vez, promover y cuidar la salud. Esta paradoja se refleja en el medio social, donde la cultura y el folclor hacen presente el cigarro en la música, los bailes y donde particularmente forma parte de algunos rituales religiosos.

La prevalencia del hábito de fumar en Cuba ha sido considerada alta desde que se dispone de información al respecto. Algunos estudios indicativos realizados antes de 1970, informaban cifras superiores al 60 por ciento de fumadores en la población total.

De las defunciones ocurridas en 1995 y 2007, se atribuyeron al tabaquismo 15 y 18 por ciento de muertes prevenibles, respectivamente. En el 2007 el tabaquismo causó el 86 por ciento de las muertes por cáncer de pulmón, el 78 por ciento de las muertes por enfermedad pulmonar obstructiva crónica, 28 por ciento por cardiopatía isquémica y el 26 por ciento por enfermedad cerebro-vascular.

Estas estadísticas ilustran muy bien el peligro de fumar, pero muchas veces sirven de poco para la mayoría de los fumadores que conocen de sobra los riesgos innecesarios y letales que asume.

Es precisamente la elevada prevalencia y consumo per cápita anual de cigarrillos, lo que hace que se inicien en la segunda mitad de la década de los 80´ del pasado siglo, acciones nacionales con carácter sistémico y enfoque intersectorial.

Curiosamente la personalidad más importante de nuestro país que abandonó el consumo de tabaco en esta etapa para dar un ejemplo de promoción de salud y vida sana, fue el Comandante en Jefe Fidel Castro.

En el año 2001, con el inicio del Programa de Prevención y Control del tabaquismo se logra por primera vez una tendencia a la disminución de la prevalencia y el consumo, discreta pero sostenida, sin embargo, la realidad es evidente, se sigue fumando y los adolescentes y jóvenes perpetúan la tan nociva herencia. El tabaquismo no ha perdido la aceptación social, a pesar de tanto empeño para lograr un estilo de vida saludable.

La situación que se muestra aquí actualmente en relación con otros países, impone que se asuma con total responsabilidad, la política de combatir el tabaquismo desde todas las instancias, en pos de lograr la integralidad que se plantea en esta ardua batalla por la vida. Cerrar la brecha en Cuba, donde el tabaco forma parte de la propia vida, es difícil pero no imposible.