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Palma Soriano.- Cuba trazó su camino, hurgando en su propia esencia. Es un país que labró su soberanía en los campos y ciudades con años echados a la suerte de la lucha revolucionaria. Nación que parió a sus hijos y no a pocos vio caer, anhelando otro futuro.
Es la historia nuestra que acuña tantas páginas preñadas, unas más que otras, de los más heroicos actos protagonizados en su mayoría por las generaciones jóvenes de cada tiempo. Esencia que acuña de sus mínimos detalles de lo hecho, traza el camino presente y, quizás también, habla de aquello que podamos elegir y ser.
Historia y patria que dependen mucho del cómo se transmite a los que la construyen y la sienten hoy con ojos marcados por la contemporaneidad porque para contarla hay que primero vivirla con sentimientos de orgullo y admiración.
Hacer de sus protagonistas seres humanos de carne y huesos, esos que tuvieron miedo, se enamoraron, vivieron y tuvieron metas, mas fue supremo ese amor no ridículo a la tierra que los vio nacer y la necesidad de hacer algo por ella y sus sueños de libertad.
Esa historia que no pocos relegan hoy, habló y lo hace siempre de cómo nacimos, el porqué sustentamos hoy valores de una sociedad distinta y se erige en sustento de una nacionalidad, cultura y resistencia.
Historia patria bella y única que por ejemplo, tras todos estos meses experimentados por la pandemia de la Covid-19 y ahora en etapa recuperativa post Covid, le continúa sorprendiendo voces inteligentes, con sentido de pertenencia y mirada puesta en cómo seguir construyendo una isla mejor. Valores que nos salvan de la extinción y el desconocimiento.










