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Palma Soriano.- Nuestra época dibuja a través de sus ritmos y expresiones musicales el ir y venir de su gente. Momentos que se viven a toda prisa, como si el tiempo se escapara de las manos y quisiéramos abarcarlo todo. Vivirlo todo de un tirón.

Y sonidos estridentes de moda andan por ahí vestidos de hiedra, escalando posiciones, disfrazándose de modernidad y cultura. Estribillos repetitivos que se transmiten en nuestros medios de comunicación.
Listas de hit parade plagadas de melodías de base, a las que poco diferencian unas de otras, con invitaciones a vivir la locura, y celebrando aunque todo el dinero se vaya en fiestas. "Temas", no se encuentra un género determinado para esto, que fácilmente se sustituyen cuando llega la siguiente propuesta con gafas de sol, playas, gorrita ladeada, cadenas, piscinas y caderas.
He aquí sólo una muestra de lo que más se fabrica, se consume, se vende y se acepta. Y ante la avalancha de productos a los que fácilmente podría definirse como chatarra; valdría la pena pensar sobre los derroteros por los que desanda nuestra música. Tenemos la suerte de una gran historia y patrimonio, con exponentes de los mejores del mundo. Sin embargo, no son pocos los que han sido literalmente desplazados o sustituidos. Y no es precisamente porque la música de nuestro tiempo esté marcando la época.
Pero por toda respuesta ante estas reflexiones, son muchos más los que se mueven con la punta del pie, al ritmo de un tal "Chocolate". Otros vierten al barrio las últimas adquisiciones de El Yonqui u Osmani García. Y yo quedo con la pregunta al aire: ¿Es esta la verdadera música para los oídos?










